Conversamos con Agus sobre cómo es vivir y trabajar con la Visa Working Holiday Dinamarca en Copenhague. En esta nota vas a encontrar toda su experiencia y cómo fue que eligió Dinamarca. ¿Es fácil conseguir casa o trabajo? ¿cuánto se gana? ¿el idioma es una traba?

Este post pertenece a la sección Autores Invitados

Como siempre digo, Dinamarca estaba lejos de ser uno de los lugares en mi lista de destinos, y eso fue lo que más me gustó: la sorpresa que me llevé. 

Rebobinemos un poco, y veamos cómo empezó todo esto:

Desde que tengo 16 años estoy buscando alternativas para irme a viajar por el mundo, y esperaba ansiosa la llegada de mis 18 para hacerlo. No les voy a mentir, me propuse estudiar inglés pero nunca lo logré, creía que no era para mí y no me gustaba. 

Cuando cumplí  19, ya inmersa en el sistema tradicional, olvidándome de a poco de lo que realmente quería, estudiando una carrera que no me apasionaba y trabajando en un lugar que no me gustaba, viajé a México de vacaciones y me di cuenta de que quería viajar más que 15 días al año.

Volví y me propuse al año siguiente irme de viaje. No sabía a dónde, ni cómo, pero yo ya estaba ahorrando e investigando para hacerlo.

Viajar y trabaja en el exterior: viendo opciones de Working Holiday

Entre videos de Youtube, blogs de viajes y una búsqueda inagotable, me topé con las Visas Working Holiday. Fue amor a primera vista. Todo me cerraba: no necesitaba el idioma, ni muchos documento y así fue como decidí aplicar para la visa de Nueva Zelanda.

Para los que no lo saben, la visa de Nueva Zelanda es bastante complicada de obtener si sos argentino. Otorgan sólo 1000 visas por año y como no piden muchos requisitos, vuelan en menos de una hora. Me conecté desde 3 computadoras diferentes y así y todo no logré obtenerla.

Me frustré bastante, sí, pero sabía que no era la única opción. Tenía Plan B: estaba entre Dinamarca y Alemania. La decisión no era fácil… Algo me decía que tenía que ser Dinamarca.

Dinamarca me convencía mucho más porque los sueldos eran más altos que en Alemania. Además, el lugar que yo quería elegir para vivir debía tener playas como un requisito personal autoimpuesto. Dinamarca fue la elección.

 

Luego de tomar la decisión, organicé toda la documentación y me presenté en las oficinas de VFS, donde se realizan los trámites. A los 20 días (yo esperaba que tardaran muchos más) recibí la Visa en mi casa. 

Ahora sí, vamos a lo más importante:

Mi experiencia: Working Holiday Dinamarca en Copenhague

Un mes antes de viajar hice un curso avanzado de inglés Nivel 1, y con ese nivel me fui.

El 18 de marzo del 2019 me subí al avión llena de incertidumbre: lo único que sabía era que iba a estar 3 días en Roma y luego me iba para Copenhague.

Me fui con un total de 2800 euros, que terminaron siendo sólo mil porque me robaron 1800 en el camino

Cuando llegué a Dinamarca, todo se había vuelto mucho más difícil, porque tenía menos plata de la que contaba. Tuve que pedirle prestado a mis familiares y utilizar algunos recursos para hacer mi vida más económica, ya que no tenía mucho dinero.

Las primeras tres noches me hospedé en un hostel en el centro de Copenhague. Esos días no descanse: iba de casa en casa a ver nuevas habitaciones para ver donde iba a vivir, pero ninguna me convencía. 

Para buscar alojamiento utilicé grupos de Facebook que son clave: Latinos en Copenhague, Argentinos en Dinamarca, Working Holiday Dinamarca, etc. Y, los grupos más específicos: Room in DK, Copenhagen accommodations, Copenhagen rooms and apartments for rent, rent a room Copenhagen, y muchos más.

Cuando pasaron esos días intensos, y faltaba poco para que se me terminaran el alojamiento en el hostel, empecé a hablar con gente, a preguntar en grupos y a buscar alguien que al menos me pudiera alquilar una habitación por unos días.

Por suerte, una amiga de mi mamá tenía un contacto. Le escribí y me dijo que tenía para alquilarme una habitación, pero era solo por unos días. 

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Castillo Rosenborg, Copenhague

Acepté y me mudé. La casa estaba ubicada en el barrio de Nørrebro. Ahí estuve alrededor de 8 días: conocí daneses, salí a divertirme y mientras tanto seguía en la búsqueda de habitación, que parecía eterna.

Cuando faltaba un día para tener que mudarme de nuevo, encontré una habitación que cumplía con todo lo que yo buscaba. Un chico publicó en un grupo de WhatsApp que había una habitación disponible y a los 30 minutos fui a verla. Ese mismo día (un domingo) me mudé. ¡POR FIN! Ahora sí, ya tenía casa, y ya podía empezar a hacer los trámites y buscar trabajo.

Leé también: Working Holiday en Aarhus, Dinamarca

Empecé a hacer los trámites:

Registré el CPR (es el número de registración civil, algo así como un DNI) luego de que el dueño de la casa me diera el papel para hacerlo. Ahora solo me faltaba la cuenta de banco para poder empezar a trabajar. 

Otra vez, los grupos fueron mis mejores amigos. Pregunté y me recomendaron que vaya al banco Sydbank, ubicado en Amager. Así que fui, y ahí me abrieron la cuenta sin problemas, gratis y sin recibo de sueldo.

A los 20 días ya tenía la tarjeta de salud (yellow card), la tarjeta del banco y el CPR en mi casa. 

En ese lapso de tiempo asistí a varias entrevistas de trabajo: La primera fue en un restaurante. Apenas llegué, me escucharon hablar inglés y me dijeron que ese trabajo no era para mí. Para ser sincera esto me bajoneo un poco, pero yo sabía que así eran los comienzos y que luego, vendrían cosas mejores.

Tenía una lista de hoteles y restaurantes de la ciudad y les mande mail uno por uno. 

Buscaba mediante grupos de Facebook como: Jobs in Copenhagen, o aplicaciones como: Workee o Humanizer.

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Todos en Copenhague con la visa Working Holiday Dinamarca

También tuve una entrevista para limpieza en un hotel. Quedé pero el primer día de prueba me fui, por voluntad propia. Luego de las dos de la tarde no pagaban la hora, pero te daban trabajo como para estar trabajando hasta las cuatro. No quería regalarles mi trabajo y me fui.

Después, entré en un local de estética trabajando como manicura. El trabajo estaba bueno porque yo ganaba la mitad por cada clienta que venía.  Pero el problema fue que estuve ahí 10 días y nunca vinieron clientas, así que lo dejé.

Por suerte, conseguí ingresar a una aplicación de limpieza de hogares llamada Happy Helper. El trabajo estaba genial, era Freelance y el monto por hora lo elegía yo. Publiqué mi perfil y las personas que necesitaban una limpieza me contrataban por algunas horas o, si les gustaba, fijábamos un día a la semana para que fuera. Al principio mi hora valía 120 dkk (19 USD), pero luego de varias reviews de 5 estrellas, pude empezar a cobrar 160 dkk (25 USD) la hora. 

Durante 6 meses trabajé limpiando casas y haciendo manicuria a domicilio a gente que conseguía mediante grupos de Facebook (sí, otra vez los grupos salvándome).

El último (y mejor) trabajo lo conseguí de casualidad. En una juntada con amigos conocí a un chico que trabajaba en el Tivoli (el parque de atracciones más famoso de Copenhague) y me ofreció que trabajara con él durante la temporada de Halloween y Navidad. 

Durante todo el mes de octubre, noviembre y pocos días de diciembre, estuve trabajando en un local dentro del parque en el que vendían café, golosinas, chocolate caliente,  gløgg (una bebida típica que toman los daneses en navidad) y manzanas acarameladas. 

Este trabajo fue el mejor: me divertía atender a gente de todas las nacionalidades, hacer café y practicar inglés. Además, mis compañeros y mis jefes eran muy copados y la pasábamos bien. Lo único difícil era estar a la intemperie con el frío helado del otoño. Todo se solucionaba con un café calentito o una sopa casera que nos hacía mi jefe. 

Por suerte en Dinamarca hay una cultura viajera muy fuerte, así que mis jefes fueron bastante flexibles cuando decidí tomarme unas vacaciones. Viajar no fue un problema para mí.

A lo largo de mi estadía en Dinamarca me mudé 4 veces, ya que siempre iba encontrando mejores ofertas, ya sea por grupos, o por otros argentinos que se iban y dejaban su casa.

El idioma no fue un impedimento. El 90% de las personas en Dinamarca, o al menos en Copenhague, hablan inglés. Y aunque yo no lo manejaba muy bien, muchas veces la gente estaba dispuesta a hacerse entender de alguna manera, o simplemente les mostraba lo que quería decirles mediante el traductor del celular, hasta que pude amigarme con el idioma.

En cuanto a amistades pude encontrarme con personas hermosas en el camino. Me enseñaron cosas nuevas y pasamos juntos muchísimas tardes, salidas, películas y charlas.

¡Mirá todo sobre Trabajar en el Exterior!

Vivir en Copenhague fue una de las experiencias más enriquecedoras de mi vida. No solo por los amigos, los ahorros que junté (que me permitieron continuar viajando), los viajes y los lugares que recorrí, sino también porque pude conocer una cultura completamente diferente a la mía y hasta aprendí un poquito de danés. 

Lo que más me sorprendió de Dinamarca (entre varias cosas) fue que los baños son mixtos en todos lados (hasta en los boliches), que la gente se mete al mar desnuda y no es un delito, sino una tradición. Que hay muy pocas personas en situación de calle o que pasan hambre, lo cual habla muchísimo de la calidad de vida (de la cual fui parte). Que, a pesar de que lo que no les sirve lo tiran, tienen muchas políticas dedicadas al cuidado del medio ambiente y que usan la bicicleta hasta para salir de fiesta.

No conocí muchos daneses pero si los observé de lejos: son puntuales, cumplen con su palabra, la primera vez que te ven te dan la mano (a menos que estés en una salida informal entre amigos), les gusta mucho el diseño y utilizan la filosofía del Hygge, que consiste en apreciar los pequeños momentos. 

Los daneses cenan muy temprano, les gusta vestirse con estilo y tomar mucho alcohol. Siempre los vas a ver serios, pero después de unas cuantas copas, se vuelven divertidos. No suelen hacerse problema por cosas sin sentido. Son bastante pacíficos. Y, a mi parecer, tienen la cabeza bastante abierta. Muchas veces me preguntaron si alguna vez me sentí discriminada, y la verdad es que no. Al contrario. Siempre estuve agradecida por las oportunidades que me dieron y la amabilidad de la gente. 

Las cosas se fueron dando y Copenhague me sedujo a quedarme. No voy a negar que muchas veces pensé en hacer la temporada de verano en Bornholm o ir a algún campo a recolectar frutillas. Y aunque no soy muy fanática de las ciudades, Copenhague es una gran excepción para mí. En cada barrio se respira un aire fresco y tranquilo. Tiene parques que ocupan manzanas enteras, y algunos, varias hectáreas, con lagos donde viven cisnes y patos que caminan tranquilamente. 

Las fachadas parecen sacadas de un cuento, y en el verano la gente sonríe tanto que se contagia.  Hay playas hermosas y extensas, de arena blanca y fina, con agua fresca. Y lugares mágicos como la ciudad libre de Christiania, que es una ciudad que se declaró exenta de la unión europea. 

Sin dudas, volveré una y mil veces a esta ciudad que se ganó un pedacito de mi corazón.

Si te vas de viaje, mirá que hacer en 3 días en Copenhagen.

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Eterno camino lleno de obstáculos. A veces no se donde salir corriendo, a veces me acuerdo de mi pensando que era fácil. Los abrazos de mamá, la comida de la abuela y jugar con mis sobrinos son algunas de las tantas cosas que extraño. Lucho constantemente con esas ganas de volver y mis ganas de seguir volando. Descubrir un mundo de libertad también requiere de mucha valentía y frustración, a veces las cosas salen tan mal que me gustaría tomarme el primer avión y volver a casa con mamá, y a veces las cosas salen tan bien que siento que soy muy afortunada y que no quiero volver nunca más. Como hago para enfrentarme a esta bipolaridad de extrañar mucho pero a la vez no extrañar nada? Como hago para entender que toda dificultad del ahora es un crecimiento para mañana? Como hago para disfrutar el aquí y ahora si mi mente no deja de pensar en un futuro que me manijea tanto? Hoy son 3 meses desde que tome el avión que me llevo a conocerme pero que a la vez ayudo a que me sienta tan desconocida. Como aceptar que fue tan poco tiempo si fue tan intenso, como para sentir que todo el pasado fue parte de otra vida, pero que, a la vez, sigue demasiado presente dentro mío. Son miles de sensaciones encontradas, sentir como hermanos a personas que recién conozco, disfrutar cada momento, encontrar paz adentro pero también en el afuera, extrañar y valorar a la gente que me acompaña en toda esta locura, desde allá, sufriendo a escondidas para que no pierda el rumbo, y entender cuáles son las cosas importantes que tiene la vida y por cuáles realmente no vale la pena preocuparse. Quizás podría seguir pensando en muchas cosas más, pero no dejaría la puerta abierta a seguir sorprendiéndome cada día, de esta maravillosa pero tan confusa experiencia.

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Agustina-Riva,-Serviajando,-working-holiday-dinamarca,-copenhagueAutora Invitada: AGUSTINA RIVA

Apasionada por la vida, amante de la naturaleza y de los animales. Le gusta leer, escribir, hacer manualidades, nadar y meditar, pero sobre todo ¡viajar! A los 19 años decidió que tenía que tomar las riendas de su vida y aprovechar su juventud para empezar a hacer lo que le apasionaba. Ahora, a sus 21, luego de un año de vivir en Dinamarca, espera la apertura de fronteras para salir a comerse el mundo. Este viaje la ayudó a aceptarse y a encontrarse con su Ser. Así que empezó a escribir un blog, que es una extensión de sí misma. En Ser Viajando cuenta sus experiencias de viaje y su crecimiento personal a lo largo del camino.

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