Este es el tercer y último post colaborativo sobre «anécdotas de viajar en tren». Más de 20 bloggers se sumaron (¡que alegría!) y decidí dividirlo por sectores. Hablamos sobre viajar en tren por Europa, Rusia y el Transiberiano y también sobre viajar en tren por Asia. Ahora es el turno de mi amado país: viajar en tren por Argentina sin dudas es diferente.

Tuve la suerte de contar con tres amigos / grandes viajeros para que nos cuenten su experiencia. Como intro les cuento un poquito sobre mis inicios con el tren y un poco de historia…

VIAJAR EN TREN POR ARGENTINA

Venimos hablando de viajar en tren y ya confesé varias veces que soy una fan total de este medio de transporte. Lo que no les conté es que mi «primera vez» fue justamente en Argentina. Desde pequeña tuve la suerte que a mis viejos le gustara salir a pasear y recorrer nuestra ciudad «con ojos de turista». Así fue como un día nos subimos a hacer el recorrido completo del «Tren de la Costa» con destino final Tigre.

Recuerdo que en cada estación nos bajabamos y hacíamos algo direferente: tomabamos un cafecito, caminabamos sin rumbo, tomábamos fotos, charlabamos con los guardas. El Delta de Tigre, el destino final, siempre fue mi espacada preferida. No por el parque, ya que no me gustaban las montañas rusas, sino por la feria, el mercado de fruto y todo el ambiente turístico que se vive, por suerte, inclusive al día de hoy.

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Lo que ha cambiado y bastante es el cuidado de las estaciones y sus carteles… Foto de 2011 rumbo a Tigre con amigas

Si hay algo que me da muchísima bronca es cómo algo tan útil como el tren, que une pueblos y ciudades se haya «abandonado» tanto. Ir recorriendo diferentes provincias y que la gente te diga «cuando llegaba el tren era diferente» duele. Visitar las estaciones de tren destruidas, como algo histórico que en el pasado fue un boom pero que la desidia de la política dejó a un lado. Según wikipedia: «La red ferroviaria de argentina, con 47.059 km de vías, llegó a ser una de las más grandes del mundo. Sigue siendo la más extensa de Latinoamérica y la octava más extensa del planeta.  Llegó a tener cerca de 100.000 km de rieles, pero el levantamiento de vías y el énfasis puesto en el transporte automotor fueron reduciéndola progresivamente».

Tucumán
Juan Manuel Lere
Rumbeando por ahí

El tren que une Buenos Aires – Rosario con San Miguel de Tucumán es un ícono dentro del mundillo viajero argentino. Sea porque es uno de los pocos trenes de pasajeros de larga distancia que aún se mantiene en marcha en el país; porque el valor de los boletos es irrisoriamente barato en comparación a un omnibus o un vuelo o por la mística mochilera alimentada por miles de anécdotas que tenemos todos los que alguna vez viajamos en él hace que conseguir un boleto sea como ganar uno de los premios en la lotería.

Todos quienes viajan al norte argentino, a Bolivia o incluso hacia Machu Pichu; casi sin excepción, querrán hacer los primeros kilómetros en este tren. Por eso aquel año que decidí irme al norte, a Bolivia nuevamente, ni consideraba la opción del tren: sabía que conseguir un boleto me sería imposible. Lo que yo no sabía era que el “croupier del camino” me tenía preparada una sorpresa: “Qué te vas a ir a dedo; pará que llamo a un amigo que trabaja en el tren!!!”. Había llegado a Rosario con la intención de alcanzar la RN 34 y seguir mi viaje haciendo dedo (autostop) como tantas veces, sin haberlo deseado siquiera, ese día no estaría expuesto al sol abrazador al costado de una ruta sino montado por primera vez en el mítico “tren mochilero”. Viajando gratis, en un vagón pullman con aire acondicionado y sillones comodísimos…

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Buenos Aires
Gonzalo VignoniEspíritu Viajero

Nunca había viajado en un tren de larga distancia y una escapada de fin de semana con amigos a Chascomús fue la excusa perfecta para cambiar eso.

El tren no se parecía en nada a los viejos trenes diésel de la línea Roca a los que estábamos acostumbrados. Tenía vagones luminosos, con mesas, cortinas, ventanas enormes, limpios y sin aromas sospechosos en el aire. Además, si los asientos tuvieran sentimientos, ¡los de la clase turista de un avión se hubiesen muerto de envidia al ver los asientos de este tren!

Pero ese asombro inicial se disipó rápido. ¡La velocidad a la que viajábamos era frustrante! No es que haya nada de malo en viajar lento, de hecho es lindo, pero en ciertos tramos del camino veíamos bicicletas sobrepasar al tren (y los ciclistas no eran precisamente atletas del Tour de France)… Durante la primera hora, el viaje se pareció más a uno en esos micros turísticos que viajan despacito para que los turistas saquen fotos… ¡un auténtico safari urbano por el conurbano sur!

Cuando por fin divisamos campo, el viaje tomó un tinte más verde y alegre… hasta que un señor se puso a hacer comentarios con connotación política acerca del tren, asegurándose de que todos lo oyéramos… algo innecesario.

Tras poco más de 2 horas, terminamos de recorrer los 110 kilómetros de vías que nos separaban de nuestro destino ¡y nos quedamos con ganas de más tren! (incluso a esa velocidad). Tomar mates escuchando el traqueteo, pasar por las estaciones desiertas de los pueblos en el campo, y esa mística que tiene viajar sobre rieles le dan otro aire a cualquier viaje, ¡y me encanta!

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Buenos Aires
Leandro Bauza
Lean y Piensen

Mucho antes de viajar en tren por Europa, comencé mi amor ferroviario a través de las vías de la provincia de Buenos Aires, más precisamente a través de los trenes que salían de constitución para el sur, para Quequén y para Pinamar, el famoso Tren Roca. Solo había que animarse a subir al tren en Constitución, y esperar que el tren arranque.

Recuerdo la vez que con 17 años nos fuimos a la laguna de Monte a acampar, en pleno invierno. Íbamos en clase turista, claro, con esos asientos que se giraban para un lado y para el otro. Hacía un frío terriiiiible aquella vez, y a la vuelta teníamos que esperar el tren que venía de Quequen y pasaba por Monte como a las 5 de la mañana. Creo que nunca sufrí tanto el frio entre esa noche de fogón y la espera del tren en la estación desértica y congelada. Cuando llegó el tren, a pesar de que había muchísimo lugar disponible, nos pusimos los 6 entre los asientos de 4 y nos tapamos entre todos con las frazadas, y dormimos hasta llegar a Constitución. Creo que el guarda ni nos habrá querido despertar para pedirnos los boletos por la tierna imagen de 6 amigos durmiendo y abrazados. 

Al verano siguiente tomamos el mismo tren, pero fuimos más allá, al camping de Azul, y fue mucho más alegre el viaje, con risas, y calor. Como antes, doblábamos los asientos para hacerlos de 4, y nos pusimos en dos partes de 4 asientos (eramos 8 esta vez). Además se dio que junté ir con mis amigos de siempre, y con mi noviecita del momento, así que el viaje fue mucho más que placentero.

Siempre recordaré con muchísimo afecto los trenes de Buenos Aires. Ojalá vuelvan…

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¡Y si te vas para Europa no te pierdas mis consejos para viajar en tren por el viejo continente!

2 COMENTARIOS

  1. Qué lindo y cuantos recuerdos de viajes en tren a Buenos Aires desde mi Pergamino se me agolparon en la memoria!
    Te mando un abrazote, el agradecimiento por el espacio y el deseo de que sigan los buenos rumbos!!!

    • ¡Muchas gracias Juan Ma a vos por participar!
      Tenemos un país hermoso que debemos compartir y valorar.

      Abrazos,
      Flor

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